El Problema de las Adicciones
Juan González
Porque en la gran mayoría de los casos la adicción es un problema que nace por el anhelo consciente o inconsciente de llenar ciertos vacíos en la propia vida. Es muchas otras veces el resultado de una mala formación en los valores esenciales para vivir de manera equilibrada. O es también la respuesta a situaciones que desagradan y de las que se busca huir, aunque a la larga la huida sea hacia situaciones más desagradables aún y de riesgos muy altos para la integridad de la persona.
Entre los problemas comunes que generan las adicciones están:
- La mala calidad de vida de quienes las consumen y de quienes viven alrededor del adicto o de la adicta.
- El desarrollo de enfermedades de todo tipo.
- Muertes prematuras ocasionadas por sobredosis, accidentes, enfermedades crónicas, violencia o suicidios.
- Ausentismo escolar y laboral, con todas sus consecuencias económicas, sociales, familiares, etc.
- Rechazo social y mala calidad en las relaciones del adicto o la adicta con la gente que le rodea.
- Pérdida de la libertad por la dependencia de la sustancia o por estar vinculados estos malos hábitos en procesos ilegales.
- Violencia intrafamiliar, fenómeno que ha venido creciendo alarmantemente.
- Problemas económicos y legales derivados de las adicciones.
- Violencia hacia el exterior: Asaltos, pleitos, ajustes de cuentas.
- Delincuencia organizada que genera inseguridad en todas sus formas y que afecta inclusive a muchas personas inocentes.
Ante un panorama que a muchos nos preocupa y a pocos nos ocupa, los padres y/o los maestros pueden hacer mucho para prevenir estos males.
Se trata de poner atención en estos puntos claves:
- Procurar siempre una buena comunicación de los padres con los hijos e hijas. Conocer a las personas con las que tienen amistad, los lugares a donde van, sus ideas en relación con las drogas, sus inquietudes o temores. Es necesario escucharlos y orientarlos respetuosamente hacia la corrección de sus errores, haciéndoles notar que de ellos se puede aprender mucho: Que la vida en el mundo de las adicciones no merece llamarse vida.
- Ante cualquier cambio en la conducta del hijo o la hija, como: descuido en el aseo o arreglo personal, cambio de amigos o de amigas sospechosos, fracasos escolares frecuentes, baja de peso, coloración en piel y ojos, marcas de agujas, hay que actuar de inmediato, no de forma represiva o con rechazo, sino con una actitud clara de querer ayudarlos a abandonar el problema antes de que sea más complicado y grave.
- Los padres y/o los maestros tenemos que hablar francamente con los niños y los jóvenes acerca de las consecuencias de consumir, vender o traficar con drogas, destacando el grave problema de la pérdida de la libertad, tanto por la dependencia que se crea hacia ellas, como por el hecho de que quienes venden o trafican con drogas, generalmente terminan en prisión o muertos.
- Promover el deporte y el ejercicio físico, las actividades recreativas en familia y sobre todo la comunicación efectiva padres/hijos, alumnos/maestros.
- Establecer límites precisos y formular reglas claras desde que son pequeños, en sus horarios, en todas sus actividades y en sus visitas a lugares, como los antros.
- Evitar el consumo de tabaco y alcohol en el ámbito familiar, ya que se cae mucho por imitación y la verdad es que estos hábitos pueden ser la puerta de entrada al consumo de otro tipo de drogas.
La insistencia es decisiva: Hay que trabajar muchísimo desde la familia y la escuela. Esto es tanto en la prevención como en la posible corrección del problema.
Si las familias y las escuelas no forman a sus niños y jóvenes para prevenir las adicciones, el problema eventualmente se presentará. Si las familias o la escuela no colaboran en cualquier programa encaminado a rehabilitar al muchacho o a la muchacha víctimas de adicciones, el problema persistirá y se agravará.
Es lugar común ver cómo alguien que recibe ayuda externa para librarlo del flagelo de la adicción, una vez que se reincorpora a la vida familiar y es rechazado, recriminado o expuesto a las mismas posibles causas que lo habían orillado al problema, pues la mayor parte de las veces reincide y se pierde, convirtiéndose en una persona no recuperable para una vida sana, equilibrada y feliz.

