Reflexiones
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Uno se siente apenado por no recordar el nombre de quien escribió las siguientes líneas que son una gema del pensamiento: - Una cosa sé: los únicos que serán verdaderamente felices son aquellos que han buscado y hallado la dicha en el servir a los demás.

Pero por si en esas palabras no quedara descrito el inmenso valor del servicio como un acto de amor, como el sello supremo de identidad cristiana, aquí está lo que nos dice Rabindranath Tagore:
- Soñé que la vida era alegría. Me desperté y vi que la vida era servicio. Me puse a servir y en el servicio encontré la alegría.

Redondeamos ahora la estupenda enseñanza con una pieza bellísima de Lucila Godoy, la ilustre escritora chilena más y mejor conocida como Gabriela Mistral.

EL QUE SIRVE

Toda naturaleza es un anhelo de servicio: Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.

Sé tú el que aparta la piedra del camino, el odio entre dos corazones y los obstáculos de un problema.

Hay la alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

¡Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender! Que no te atraigan solamente los trabajos fáciles; ¡es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de creer que sólo se hace méritos con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios, como adornar una mesa, arreglar unos libros, peinar a una niña.

Aquel que critica es el que destruye; tú sé el que sirve.

El servir no es faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día:

¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, o a tu madre?