Reflexiones
Página Principal > Reflexiones > LA RAZÓN DE SER DE LAS TORMENTAS Imprimir
Cuentan que una vez un campesino le pidió a Dios le permitiera mandar sobre la naturaleza para que según él le rindieran mejor sus cosechas.

¡Y Dios le concedió esa extraña petición!

Desde entonces, cuando el campesino deseaba lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, éste brillaba en su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente, etc.
Sin embargo, cuando llegó el tiempo de la cosecha, su sorpresa y estupor fueron grandes porque resultó un total fracaso, nada como él lo esperaba. Desconcertado y medio molesto, aquel campesino fue a preguntar a Dios por qué resultaron así las cosas, si él había puesto sobre sus tierras todos los climas que creyó convenientes.

Con su paciencia y amor infinitos, Dios le contestó: Tú pediste lo que quisiste, más no lo que de verdad convenía. Verás: Nunca pediste tormentas, quizá porque no te gustan, pero éstas en realidad son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentan las aves y otros animales que consumen la cosecha, y son además indispensables para eliminar las plagas que la destruyen, etc.

LECCIÓN: Eso mismo sucede con las personas. Queremos que nuestra vida sea puro amor y dulzura, nada de problemas. Pero las dificultades son ventajas, las dificultades maduran a las personas, las fortalecen, las hacen crecer.

Por eso hacen falta de vez en cuando las tormentas en la vida de toda persona, para hacerla comprender cuánto se ha preocupado por tonterías, por chubascos pasajeros. Para que valore sus días de sol y también para que se purifique de sus afanes comodinos.

Ante las tormentas que suelen azotar al ser humano, la actitud ha de ser de fe y confianza en que pronto pasarán y habrán de dejar una buena cosecha en nuestras vidas.