Los párrafos que siguen nos moverán a una profunda reflexión, para mantenernos enfocados en lo que realmente importa de nuestra vida.
Nos enseñan a valorar los dones que Dios pone a nuestro alcance por puro amor: dones maravillosos que, lamentablemente, la mayor parte de las veces simplemente los damos por hechos.
A dos grupos de personas se les hizo la siguiente pregunta: ¿Qué es la riqueza?
Las personas del primer grupo contestaron de la siguiente manera:
El arquitecto: - Tener proyectos que me permitan ganar mucho dinero.
El ingeniero: - Desarrollar sistemas que sean útiles y muy bien pagados.
El abogado: - Tener varios casos que dejen buenas ganancias y que me permitan comprar un BMW.
El médico: - Tener muchos pacientes, que paguen bien y así poder comprar una casa grande y bonita.
El gerente: - Mantener mi empresa en niveles de ganancia altos y crecientes.
El atleta: - Ganar fama y reconocimiento mundial, para estar muy bien pagado.
Las personas del segundo grupo describieron la riqueza de la manera siguiente:
El hombre que estaba preso de por vida: - Caminar libre por las calles.
El ciego: - Poder ver la luz del sol y a la gente que quiero.
El sordo: - Escuchar el sonido del viento y las voces de las personas que me hablan.
El mudo: Poder decir a las personas cuánto las amo.
El inválido: - Correr en una mañana soleada.
La persona con una enfermedad terminal: - Vivir tan sólo un día más.
El huérfano: - Que pudiera yo tener a mi mamá, a mi papá, a mis hermanos, a toda mí familia.
LECCIÓN: No midas tu riqueza por el dinero que tienes o por la falta de él. Tu verdadera riqueza está en todas aquellas cosas que Dios te ha concedido y que no cambiarías por dinero.