Cuenta la leyenda que un día el diablo puso en venta todas sus armas de destrucción. Debidamente pulidas y muy bien presentadas, en una mesa cubierta con un paño rojo, estaban la envidia, el enojo, el resentimiento, la codicia, los celos, las drogas, el alcohol y todos esos instrumentos con que el enemigo ha venido destruyendo a la humanidad.
Todas estas armas tenían su etiqueta con su respectivo precio y lo que más llamaba la atención a los visitantes del mercado de las armas destructoras del maligno, era un artefacto en particular que se veía muy desgastado. Al parecer era el que más usaba el diablo y el que más valoraba, pues su precio era el más alto de todos.
Cuando le preguntaron al diablo por qué era tan costosa esa arma explicó que era la más eficaz, ya que funcionaba perfectamente donde otras fracasaban. Con ella había logrado perturbar aún a los más osados misioneros, a los más celosos predicadores y a los más consagrados cristianos.
Su nombre: ¡El desaliento!
lea más