La Parroquia de Jesús Nazareno fue fundada el 21 de noviembre, Fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo, el año de 1989.
Sin embargo, la prehistoria de la Parroquia se remonta al 25 de noviembre del año de 1974, cuando se fundó la colonia 25 de Noviembre que es mucho más conocida como El Realito.
Al poco tiempo fue fundada una colonia vecina que lleva el nombre de Atoyac de Alvarez, y es preciso anotar que ambos asentamientos emergieron entonces en unos terrenos que carecían de las formas mínimas de urbanización.
Los primeros habitantes de las colonias 25 de Noviembre y de Atoyac de Alvarez eran gente muy pobre, la mayoría procedente de otros estados del País, que llegó a la ciudad en busca de las oportunidades de vida y progreso que no tuvieron en sus lugares de origen.
No obstante su precaria condición, aquella gente llegó dispuesta a trabajar muy duro para dignificar y mejorar continuamente su entorno.
Fue por razón de ese afán que una de las primeras inquietudes de los colonos pioneros de la zona, fue contar con un templo donde pudiesen ser atendidas sus necesidades espirituales.
Llegando a este punto del relato, es de mínima justicia conservar en la memoria de gente agradecida el hecho de que fue el P. Hilario Rodríguez, entonces párroco de San Ignacio de Loyola, quien obsequió la cruz que luego fue utilizada para señalar el terreno donde posteriormente se construiría el templo de Jesús Nazareno.
Corría el año 1975.
La ayuda de Dios se manifestó claramente a través del padre Hilario, quien siempre mostró una gran disposición de apoyar en sus anhelos a toda aquella gente, porque conviene además recordar que él, junto con su vicario el P. Miguel Guzmán Páis, fueron muy entusiastas impulsores y guías de la fe entre aquellas personas que, habiendo sido antes fieles pertenecientes a la Parroquia San Ignacio de Loyola, vinieron luego a colonizar estos lugares.
Al hacer el resumen histórico que fue publicado en la Revista Parroquial TODOS UNIDOS (1999), que se editó al estar celebrando el décimo aniversario de la Parroquia Jesús Nazareno, se dijo que en la prehistoria parroquial ganaron un lugar especial para esos apuntes el padre Idelfonso Araujo, entonces Párroco de Santa Lucía y sus vicarios, el padre Florencio Frías y el padre Gonzalo Hernández.
Y es que, naturalmente, por esa época la gente de El Realito se preguntaba a cuál parroquia pertenecía la colonia que recién había fundado. De parte de Mons. Alfonso Espino, quien entonces era Arzobispo de Monterrey, se les comunicó que formarían parte de la Parroquia de santa Lucía.
Con esa noticia confirmada, aquellos primeros colonos se acercaron al padre Araujo y al padre Gonzalo, quienes desde el principio apoyaron espiritualmente a los nuevos fieles de su Parroquia.
Como no se tenía templo, el padre Araujo y el padre Gonzalo acudían a celebrar la Santa Misa bajo un modesto techo que levantaron con muchos sacrificios algunos señores de la colonia ayudados, es preciso señalarlo, para que no se olvide, por un grupo de entusiastas mujeres que también pusieron manos a la obra.
Todos sabemos que hacer historia es, ante todo, un acto de gratitud hacia quienes ayer sentaron las bases de lo que ahora somos.
En aquel grupo de gente había muchas personas cuyos nombres no habrán de caer jamás en el olvido. Era principalmente la gente que llegó de la Parroquia de san Ignacio de Loyola, gente del padre Hilario Rodríguez. Entre otros personajes, se recuerda a doña Pera, la doctora Virginia, doña Mina, doña Josefina, doña Dolores Estrada, doña Cuquita, doña Raquel, doña Obdulia, don Trini, don Lenchito, doña Ramona Vázquez, etc.
Todas estas personas fueron el grupo básico para iniciar la Acción Católica local, cuyas tareas principales eran:
Preparar a los niños para la Primera Comunión.
Ofrecer orientación prematrimonial,
Impartir el catecismo, etc.
Aquel grupo también servía y apoyaba a los sacerdotes que venían periódicamente a celebrar la Eucaristía en el Realito.
Además del apoyo recibido del padre Idelfonso Araujo y del padre Gonzalo Hernández, se recuerdan con mucha gratitud las visitas del padre Lorenzo Barrera, quien era en ese tiempo maestro del Seminario de Monterrey.
Una mención de gratitud es así mismo para el padre Ramón Sada y el padre Carlos Vázquez, quienes varias veces acudieron a brindar ayuda en su labor pastoral a los padres de la Parroquia de Santa Lucía.
Otro grupo que por aquel tiempo llegó a la comunidad, estaba formado por señoras pertenecientes a ANSPAC, siglas de lo que es la Asociación Nacional Pro Superación Personal, A.C.
En su programa de trabajo, estas señoras incluían cursos de manualidades e impartían temas de la fe a las señoras de El Realito, tratándolas siempre con mucho respeto y amor cristiano; al recordar estos acontecimientos, vale y es de estricta justicia señalar que la gente de ANSPAC siempre ha hecho un esfuerzo muy loable de promoción humana donde quiera que se presentan a servir.
Entre las damas de ese grupo de ANSPAC, venía la señora Alicia Garza L. de Navarro, quien por un admirable don de gentes supo ganarse prontamente el aprecio sincero de los habitantes de las colonias 25 de Noviembre y Atoyac de Alvarez.
En virtud de ese trato lleno de fraterna confianza y cariño, las señoras de El Realito pidieron a la señora Alicia que les ayudase en la construcción de una capillita.
La señora Alicia vio con mucha simpatía tal solicitud y fue por ello que de inmediato accedió con mucho gusto a respaldar el proyecto, pidiendo ella misma la colaboración y apoyo económico de sus familiares y amigos para sacar adelante la obra.
PORQUÉ EL NOMBRE DE JESÚS NAZARENO
Una vez que se puso en marcha el plan, se vio desde luego la necesidad de buscar un nombre para la proyectada capillita: La primera sugerencia fue que se llamara Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
Estando así las cosas, se recuerda que el señor Rosario Rodríguez, junto con otras personas originarias de Mazapil, Zacatecas, hicieron la propuesta de que mejor se llamara Jesús Nazareno, esto en honor de nuestro Padre Jesús, que se venera en la mencionada localidad de aquella parte de México.
Respondiendo a los deseos de esas personas, fue que Mons. José de Jesús Tirado y Pedraza, entonces Arzobispo de Monterrey, aceptó el nombre propuesto. Y tocó también a él bendecir la ceremonia durante la cual se colocó la primera piedra, al iniciarse la construcción de la capilla de Jesús Nazareno, en el año de 1979.
SE FORMA EL COMITÉ PRO-CONSTRUCCION
Con la intención de dar un mayor impulso al naciente proyecto y más eficacia a los trabajos, la señora Alicia se dio a la tarea de integrar el Comité Pro Construcción de la Capilla de Jesús Nazareno, formado por gente de la localidad.
En dicho Comité figuraron las señoras:
Concepción Gallegos, Dolores Estrada, Esperanza Martínez, María del Refugio Encinas, María Isabel Tirado, Adelaida Rodríguez, Josefina Tello de Jiménez, Luz Bertha Hipólito, Rita Gamboa, Yolanda Nava, María de la Paz Hernández y María Guadalupe Cruz Díaz.
Después se integraron también los señores Manuel Rodríguez, Juan Hernández, Florencio Delgado, Fidencio Cortés y Raúl Palacios.
El Comité Pro Construcción de la Capilla de Jesús Nazareno realizó una magnífica labor motivando a los vecinos a contribuir, mediante la venta de cenas, rifas y otras diversas actividades propias para reunir los fondos que se destinarían luego a la compra del mobiliario y los arreglos generales del templo en proyecto.
LA ÉPOCA DEL PADRE VÁZQUEZ
Con el paso del tiempo, llegó el padre Rafael Vázquez como nuevo Párroco de santa Lucía, en tanto que el padre Araujo pasó a ser Párroco de Santa Cecilia.
De esta manera, correspondió al padre Vázquez continuar brindando atención espiritual a los fieles de las colonias 25 de noviembre y Atoyac de Alvarez.
En esa nueva época, el padre Vázquez reforzó la Acción Católica y ya en 1985 impulsó la creación de un nuevo grupo: ACAN (Acción Católica de Adolescentes y Niños). Con estos vientos de cambio iba integrando el padre Vázquez a las familias en las cosas del Señor.
El padre Vázquez celebró Misa lo mismo bajo el histórico techito, que en las distintas etapas del templo en construcción. Cada semana estuvo acudiendo, no solamente a celebrar la Eucaristía, sino también a recibir confesiones y a ofrecer ayuda espiritual a quienes se la solicitaban.
Profundamente interesado en extender el Reino de Dios en esta porción de su Parroquia, el padre Vázquez promovió una misión especial que fue realizada por las religiosas Misioneras del Espíritu Santo, encabezadas por la madre Olivia Palos. Un fruto muy satisfactorio de esa misión, fue que al finalizar se celebraran matrimonios colectivos.
Se recuerda también que fue el padre Vázquez quien impulsó en Jesús Nazareno las celebraciones de Semana Santa y lo que serían más tarde las kermesses parroquiales.
Otro acontecimiento de muy significativo y feliz recuerdo fue que en esa época Mons. Emigdio Villarreal Bacco asumió como Vicario Episcopal, y ya desde esa posición ayudó mucho a la comunidad de Jesús Nazareno, proporcionando inclusive asesoría muy valiosa en los detalles de la construcción del templo; además, eventualmente participó en la celebración de la Santa Misa.
Al ir creciendo rápidamente las necesidades de la comunidad, los fieles, encabezados por el padre Vázquez, intensificaron su oración y en ese espíritu solicitaron al nuevo Arzobispo de Monterrey, Mons. Adolfo Antonio Suárez Rivera, que tuviera a bien asignar un sacerdote a la nueva capilla.
El señor Arzobispo respondió entonces que por el momento había una gran escasez de sacerdotes, pero les sugirió a los fieles que hicieran más oración para que Dios les cumpliera su anhelo.
Mientras tanto se registraron muy importantes avances en la construcción del templo y cobraron mayor fuerza y participación los grupos existentes, en especial la comunidad juvenil, cuyos integrantes además de recibir la formación guiada por seminaristas, crearon el Coro Malkiyá.
(Continúa en el capítulo II)