Abuelos
Adolescentes
Enfermos
Esposos
Hijos
Jóvenes
Niños
Padres
Situaciones Especiales
Pastoral Familiar
Página Principal > Pastoral Familiar > ¡NO TE METAS EN MI VIDA! Imprimir
Hoy que estoy profundizando mis estudios teológicos en la familia, sus valores, sus principios, sus riquezas, sus conflictos, recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su padre:

- ¡No te metas en mi vida!

Ésta frase caló hondamente en mí, tanto que frecuentemente la recuerdo y comento en mis conferencias para padres e hijos.

Si en vez de ser yo sacerdote, hubiese optado por ser padre de familia, ¿qué le respondería a mi hijo? Esta podría ser una respuesta:

- ¡Hijo, espera un momento! ¡No soy yo el que me meto en tu vida. Eres tú el que te has metido en la mía!
Hace muchos años, gracias al profundo amor que mamá y yo nos tenemos, Dios permitió que llegaras a nuestras vidas y ocuparas todo nuestro tiempo. Antes de que nacieras, mamá se encontraba mal, no podía comer, y además debía guardar reposo, así que yo, tuve que encargarme de las tareas de la casa, además de seguir con mi trabajo. Los últimos meses, antes de que llegaras a este mundo, tu mamá no podía dormir y tampoco me dejaba dormir a mí.

Desde antes de que tú nacieras, los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de nuestro salario se gastaba en ti, en el médico que atendía a mamá, en medicamentos y en comprarte lo mejor. Mamá quería cómprate todo lo que veía para bebés, las mejores prendas, y lo más lindo.

¿Y ahora tú me dices que no me meta en tu vida? Llegó el día en que naciste y compramos un recuerdo para regalar a todos aquellos que vinieran a conocerte. Pero ya antes fueron cientos de compras, tratando de contar con todo lo necesario para recibirte: pañales, aceites, biberones, jabones para bebé, cepillos, cremas, toallas húmedas y toallas secas, latas de leche, alimentos especiales, etc., etc., etc.

Desde la primera noche, ni tu mamá ni yo no dormimos. Cada tres horas, como si fueras un reloj de los más precisos nos despertabas para que te diéramos de comer; otras veces te sentías mal y llorabas todo el tiempo, sin que nosotros supiéramos que hacer, pues no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo.

¿Y tú me dices que no me meta en tu vida? Comenzaste a dar los primeros pasos y tuvimos que estar detrás de ti todo el tiempo. Ya no podíamos sentarnos tranquilos a leer el periódico o a ver una película, ni podía yo ver el partido de mi equipo favorito, porque para cuando menos lo esperaba, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.

¿Y tú me dices que no me meta en tu vida?

Todavía recuerdo el primer día que fuiste a la escuela. Me vi en la necesidad de llamar al trabajo y decir que no podía ir, porque tuve que acompañarte al colegio y estar contigo. Tú no querías entrar; más bien llorabas y me pedías que no me fuera. Tuve que pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado, hasta que tomaras confianza.

A las pocas semanas ya no me pedías que no me fuera, y unos pocos días mas tarde, hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos.

¿Y tú me dices que no me meta en tu vida? Seguiste creciendo y llegó aquel tiempo en que nos pedías que te lleváramos al lugar en que te reunías con tus amigos, y que te dejáramos y te recogiéramos unas calles antes. Eras demasiado moderno y no se cuantas cosas más. No querías llegar temprano a casa, te molestabas que te pusiéramos límites o reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos, sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos "desconocidos" para ti.

¿Y tú me dices que no me meta en tu vida? Cada vez sé menos de ti, y lo que sé, es a través de los demás, ya no quieres hablar conmigo, dices que siempre te estoy regañando. Todo lo que yo hago está mal y te burlas de mí. Y yo me pregunto: ¿Cómo con tantos defectos como yo tengo, he podido darte todo lo que tienes?

Muchas veces mamá se queda despierta y no me deja dormir preguntándome si has llegado a casa, diciéndome que es muy tarde y que tu celular está desconectado, que ya son las 3:00 de la mañana y no has llegado. Solo cuando te oye entrar en casa y cerrar la puerta de tu habitación, podemos dormir.

¿Y tú me dices que no me meta en tu vida? Dices que te aburre hablar con personas como nosotros, que no entienden el mundo de hoy. Por eso sólo me buscas cuando hay que pagar algo, cuando necesitas dinero para la universidad, o para tu diversión.

¿Y tú me dices que no me meta en tu vida? Hijo, yo no me meto en tu vida; tú te has metido en la mía. Y te aseguro que no me molesta ni me arrepiento de que lo hayas hecho y la hayas cambiado para siempre.

Pero te advierto hijo: Mientras esté vivo, me meteré en tu vida. Me meteré para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti una persona de bien.

Me meto en tu vida porque te amo y además si no lo hago yo, otros se meterán en tu vida y esa es una responsabilidad que me corresponde a mí. Sólo los padres que saben cómo meterse en la vida de sus hijos, logran hacer de ellos hombres y mujeres buenos, decentes, ordenados, capaces de triunfar en la vida, capaces de amar y ser amados.

Así que, mientras Dios me lo permita, y por el amor que te tengo, seguiré metiéndome en tu vida.