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Página Principal > Pastoral Familiar > Trabajar por la conversión de la familia Imprimir
Se dice que hubo un tiempo en que sólo se bautizaban los convertidos, mientras que, paradójicamente, ahora la misión es convertir a los bautizados. Y quizá no sería un gran desafío, mas resulta que este es un trabajo especialmente difícil porque en el seno de muchas de nuestras familias prácticamente no se habla de Dios; mucho menos se da ejemplo de vida cristiana.
En las mejores familias si bien nos va, casi todo se reduce a cumplir asistiendo a la Misa dominical y en ocasiones a las fiestas especiales. Durante el resto del tiempo muchas familias viven como si Dios no existiera.

De hecho se ha descuidado tanto la formación religiosa en algunas de nuestras familias, que no debe sorprendernos, cuando el papá o la mamá intentan compartir una reflexión de Dios con sus hijos o sus parejas, que alguien les diga: Ya vas a empezar con tus cosas(y vaya que casi todas esas personas cuentan con un acta de bautismo).

Es así que, guiándonos con mucho esfuerzo por el enfoque positivo, en algunas otras familias apenas sí se habla tímidamente de las cosas del Señor. La fe es en esos hogares una cuestión privada por más que sea deber de todo cristiano propagar la Buena Nueva, empezando precisamente en el seno de su familia. Inclusive sería bueno saber si quienes pertenecemos a una pequeña comunidad tenemos por costumbre en casa bendecir los alimentos, si hacemos oración en pareja, si motivamos a los hijos para que lean la Biblia, si les damos ejemplo visible de oración, etc.

La verdad es que hacen mucha falta la fe y el testimonio en nuestros hogares, sobre todo en los de aquellos que a conocemos a Cristo.

Para hablar del amor al prójimo que nos pide Jesús, es necesario, por ejemplo, salir de nuestras posturas egoístas y dar a la pareja y a los hijos más de nuestro tiempo, interesarnos sinceramente en sus problemas, escucharlos de verdad, brindarles compañía y no sólo un poco de tiempo, "pero de calidad", decimos. Lo primero es ser reales mensajeros de la Buena Nueva, que sea visible y sensible en nuestras actitudes:

1. Hace falta revisarnos y reconocer que tenemos que ser cada día más comprensivos y pacientes con nuestra pareja o nuestros hijos, mostrándoles en todo tiempo nuestro cariño... si queremos transmitirles un mensaje eficaz sobre el Amor de Dios.

2. Debemos ser muy expresivos al agradecer al Señor su Divina Providenciasi queremos que los nuestros reconozcan la mano de Dios en el sustento de cada día, en el trabajo, en la salud y todos los dones que como familia disfrutamos.

3. Es necesario irnos deshaciendo realmente de nuestros numerosos apegos, cuando deseamos comunicar la enseñanza de que lo importante es buscar el Reino de Dios, pues lo demás nuestro Padre Celestial nos lo dará por añadidura.

4. Hace falta fortalecer nuestro espíritu de servicio y que se note, quitándonos de la cabeza la tonta idea de que sólo sirven los sirvientes. Sólo siendo servidores podremos enseñar lo que nos dijo Jesús: no vine a ser servido, sino a servir

5. Es preciso que perdonemos pronta y visiblemente a los que nos ofenden, si esperamos que nuestra pareja e hijos comprendan la importancia del perdón y de la reconciliación entre nosotros, para poder luego reconciliarnos con Dios. Que nos les suene falsa nuestra oración.

6. Demos un verdadero valor al hecho de sentarnos a la mesa unidos todas la veces que sea posible, para agradecer el alimento que Dios nos da, para compartir el pan y la sal como un signo de la fraternidad que debe reinar entre los integrantes de nuestra familia; aprovechar la convivencia de sobremesa para que nos una más cada día y nos haga sentir el Amor de Dios en nuestro trato cercano como hijos suyos.

7. Se trata, en resumidas cuentas, de iniciar una auténtica conversiónde nuestra familia, que nos ayude en la conversión de cada uno de los que la formamos.

No nos quejemos de lo mal que anda el mundo, si no estamos impulsando desde nuestra propia familia un cambio de vida, según los valores cristianos que como bautizados debemos promover, de la manera más eficaz, que es dando testimonio de ello.