EL PODER DE LA NO VIOLENCIA
Él me preguntó con ansiedad: - ¿Por qué llegas tarde?
Yo me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne. Entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar. Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.
Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: - Algo no anda bien en la manera que te he criado, que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar qué es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y pensar sobre esto.
Así que, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, mi padre empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban pavimentados ni iluminados. Desde luego, no lo podía dejar solo, así que yo manejé 5 horas y media detrás de él, viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.
Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.
Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso: Si mi padre me hubiese castigado de la manera que nosotros castigamos a nuestros hijos, ¿habría aprendido la lección? No lo creo. Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si hubiera sucedido ayer...
Esto es el poder de la vida sin violencia.

