Juan González
Hoy muchos padres sienten que lo son por un mero capricho biológico, y no como un fruto del amor de Dios. En consecuencia, ven a los hijos como una verdadera lata o como una especie de mal inevitable que viene con el paquete matrimonial, o como consecuencia de un resbalónque no estaba en el plan...
En esta línea, conviene revisar cuál es la actitud que tenemos nosotros ante nuestros propios hijos.
Pues los hijos son un signo de la bendición divina, una muestra del plan y la Voluntad de Dios. Tenerlos, no es un derecho, sino un don. No son propiedad de los padres, sino del único Padre eterno, que los pone a nuestro cuidado, dándonos así la oportunidad de participar de su poder creador y de su paternidad. Si logramos discernir el valor de esta bendición que hemos recibido, jamás volveremos a verlos como una carga, sino como el más bello don del Señor (CIC 2370-73).