Juan González
La primera escuela de la fe es la familia. En ella se aprende a amar a Cristo y a nuestros hermanos los hombres. La familia es también la escuela de la esperanza, donde se crece pensando en un futuro lleno de promesas e ideales. El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente iglesia doméstica, comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana. Es en casa donde el niño, incluso antes de su uso de razón, percibe cómo debe orientar rectamente su relación con el Creador, al que llama Padre, aunque las características de su amor sean profundamente maternales.
Esa paternidad-maternidad de Dios es el manantial trascendente de toda paternidad y maternidad humanas. Al contemplarla con amor, tenemos que comprometernos a redescubrir esa riqueza de comunión y de gestación de vida que caracteriza al matrimonio y a la familia. El hijo es la bendición de Dios, que transforma al marido y a la mujer en padre y madre.
La familia es el lugar de la comunión, del amor, de la acogida y de la promoción de la vida, escuela de fraternidad donde, con la ayuda del Espíritu de Cristo, se crea entre los hombres una nueva fraternidad y solidaridad, reflejo verdadero del misterio de recíproca entrega y acogida propio de la Santísima Trinidad.
La familia cristiana es el primer ámbito para la educación en la oración. Fundada en el sacramento del matrimonio, es la iglesia doméstica donde los hijos de Dios aprenden a orar como Iglesia y a perseverar en la oración. Particularmente para los niños pequeños, la oración diaria familiar es el primer testimonio de la memoria viva de la Iglesia que es despertada pacientemente por el Espíritu Santo.
Si en otras religiones es el padre el transmisor de las creencias religiosas, en la Iglesia Católica siempre ha sido la madre la que nos ha descubierto el camino de la fe y nos ha instruido en el amor del Señor. Por eso la mujer desempeña un papel absolutamente vital en la Iglesia. Es la educadora natural de la fe, la transmisora de la Revelación cristiana. Así como las primeras mujeres anunciaron la resurrección del Señor, todavía hoy son ellas las que llevan la Buena Nueva del anuncio cristiano a sus hogares e inician a sus hijos en el conocimiento y amor de Dios. Son las maestras de oración por excelencia, las grandes catequistas que entregan a sus hijos, ya desde la más tierna infancia, la herencia del encuentro profundo con el Dios del amor.
La familia es además el espacio más importante para la humanización del ser humano, es el lugar donde se aprecia al otro simplemente por ser quien es y tal como es. Es el lugar privilegiado para el encuentro profundo entre personas, el marco donde se vive con más claridad la donación del ser humano a los demás, que siempre es fuente de alegría y de felicidad: Mayo felicidad hay en dar que en recibir. La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad.
En virtud de la mutua y total donación del amor conyugal, que constituye el verdadero sustrato de la familia, también las relaciones que se establecen entre los demás miembros de ella tienen que inspirarse en el amor y caracterizarse por el cariño y el apoyo recíproco. Lejos de cerrar a la familia en sí misma, este amor auténtico educa a todos sus integrantes en la solidaridad y la abre a toda la sociedad, pues la pequeña familia doméstica y la gran familia de todos los seres humanos no están en oposición, sino en una relación íntima y original. Se puede decir que, en cierto modo, la familia es la última frontera de la humanización en este mundo, cada día más inclinado hacia el pragmatismo y el mercantilismo.
Mons. Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Monterrey
Del documento:
Jesucristo: Camino, Verdad y Vida, 2006