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VII ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS
Carta del Santo Padre Benedicto XVI
al Presidente del Consejo Pontificio para la Familia
Venerado hermano cardenal Ennio Antonelli Presidente del Consejo pontificio para la familia:
Al concluir el VI Encuentro mundial de las familias, que se celebró en Ciudad de México en enero de 2009, anuncié que la cita sucesiva de las familias católicas de todo el mundo con el Sucesor de Pedro iba a tener lugar en Milán, en 2012, sobre el tema "La familia: el trabajo y la fiesta". Deseando ahora comenzar la preparación de tan importante acontecimiento, me alegra precisar que, si Dios quiere, se celebrará del 30 de mayo al 3 de junio y, al mismo tiempo, dar algunas indicaciones más detalladas respecto a la temática y a las modalidades de realización.
El trabajo y la fiesta están íntimamente relacionados con la vida de las familias: condicionan sus elecciones, influyen en las relaciones entre los cónyuges y entre padres e hijos, inciden en la relación de la familia con la sociedad y con la Iglesia. La Sagrada Escritura (cf. Gn 1-2) nos dice que familia, trabajo y día festivo son dones y bendiciones de Dios para ayudarnos a vivir una existencia plenamente humana. La experiencia cotidiana demuestra que el desarrollo auténtico de la persona comprende tanto la dimensión individual, familiar y comunitaria, como las actividades y las relaciones funcionales, al igual que la apertura a la esperanza y al Bien sin límites. Leer más
LA EDUCACIÓN EN LA FE DENTRO DEL HOGAR
Los padres, en general, se preocupan de la formación humana de sus hijos, por las consecuencias que puede tener para su futuro (carrera, formación técnica, profesión). A la educación en la fe no se le da tanta importancia. A muchos de ellos les parece suficiente "delegar" esta tarea en la catequesis parroquial o en el colegio.
Sin embargo, un niño que participa en la catequesis o recibe formación religiosa escolar sin tener en su hogar referencia religiosa alguna, es difícil que asimile e interiorice su fe. Si en casa Dios no tiene importancia alguna, si Cristo no es punto de referencia, si no se toma en serio la religión, si no se viven las actitudes cristianas básicas, la fe no arraigará en él. El clima familiar es absolutamente necesario para interiorizar el mensaje religioso que el niño recibe en la catequesis o en el centro escolar.
Pero la educación de la fe dentro del hogar no puede seguir hoy los pasos de aquella socialización casi mecánica del hecho religioso cuando la fe era impuesta como una herencia necesaria del pasado. El hijo necesita aprender a ser creyente en medio de una sociedad descristianizada. Esto exige vivir una fe personalizada, no por tradición sino como fruto de una decisión personal, una fe vivida, que no se alimenta sólo de ideas y doctrinas, sino de una experiencia gratificante; una fe no individualista, sino compartida en una comunidad creyente; una fe centrada en lo esencial, que puede crecer entre dudas e interrogantes; una fe no vergonzante, sino comprometida y testimoniada en medio de una sociedad indiferente. Leer más

