VIGILIA PASCUAL 2011
Como el templo no tiene la capacidad necesaria para dar cabida a todos los fieles asistentes, la celebración de la Vigilia siempre se hace fuera del templo, pero la calle está totalmente a oscuras, hasta el momento en que los presentes encienden del Cirio sus velas. Cuando el Cirio ya está frente al altar, se encienden todas las luces.
En esta Vigilia nuestro Vicario Parroquial cantó el Pregón Pascual: "Alégrense por fin los coros celestiales..." Pasamos a la Liturgia de la Palabra que, como sabemos, nos indica un total de 9 lecturas para la madre de todas las vigilias, y la gente estuvo muy atenta a cada lectura, guiándose con sus hojitas (a pesar de que no había mucha luz), y respondiendo a los salmos.
Igual que lo hizo en el Jueves Santo, nuevamente el padre Gerardo nos obsequió con una homilía muy encendida, que de verdad estuvo muy a tono con la difícil realidad que hoy nos toca vivir en nuestra ciudad, en nuestro estado, en nuestro País. Y es que la Iglesia no puede ser ajena a lo que ahora nuestro Arzobispo ha llamado el deterioro de nuestra convivencia ciudadana.
En su mensaje, el padre Gerardo nos habló de la esclavitud a la que por voluntad propia muchos de nosotros estamos sometidos, a la vida mediocre que llevamos, a la irracional violencia que flagela nuestra sociedad, al clima de inseguridad que ha venido a alterar todo el paisaje de nuestra vida.
El padre Gerardo nos recordó que la resurrección de Jesús nos trae un mensaje de esperanza, pero nos corresponde a nosotros esforzarnos para dejar nuestra vieja vida de pecado y resucitar con Él a la vida nueva y abundante que nos ofrece.
Continuamos nuestra celebración con la liturgia bautismal, que es la bendición del agua, la renovación de las promesas bautismales y luego, la Liturgia Eucarística.
Hacia el final de la celebración, el padre Gerardo abrió un espacio para reconocer públicamente la participación de la gente que apoyó con sumo entusiasmo en la realización de las celebraciones de la Semana Santa: Al padre Abramo, por la confianza depositada en su Vicario; a las personas que apoyaron para tenerlo todo a punto en la parte litúrgica; a las personas de las pequeñas comunidades de todos los sectores, que realizaron diversas y numerosas tareas, cada sector en un día determinado; a los integrantes de los coros, a los ministros, a los acólitos y a los lectores, a los jóvenes que cubrieron distintas tareas; en fin, a todos los que de una u otra manera, y como Familia Jesús Nazareno, contribuyeron al adecuado desarrollo de todo nuestro programa de Semana Santa.
Queda constancia en las imágenes que enseguida ofrecemos y que complementan nuestra nota. Un signo notable lo constituyen las caras sonrientes que pudimos captar y que nos hablan del júbilo, de la alegría por estar a la espera de la resurección del Señor, la renovación de todas nuestras esperanzas.





















