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VIDA SIN VIOLENCIA

Estábamos muy adentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o entrar al cine. Así, un día que mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero, yo avisté la gran oportunidad.

Como iba a la ciudad, mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller.

Cuando despedí a mi padre, él me dijo: - Nos vemos aquí a las 5 en punto y regresaremos a la casa juntos.

Me fui y, después de muy rápidamente completar todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Una vez dentro, me metí tanto en la película, que me olvidé del tiempo.

Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Frenético, me fui corriendo al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m.

Ya frente a Él, mi padre me preguntó con ansiedad: ¿Por qué has llegado tan tarde? Yo me sentía mal por la tardanza y desde luego sentí que no le podía decir que estaba viendo una película. Entonces le dije que al ir al taller, el automóvil aún no estaba listo y tuve que esperar. Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando él se dio cuenta de que yo había mentido, me dijo:

- Algo no anda bien en la manera como te he criado, pues no te he dado la confianza necesaria para decirme la verdad. Necesito reflexionar en qué es lo que hice mal contigo. Por eso voy a caminar las 18 millas que hay de aquí a la casa y aprovechar el tiempo para pensar sobre esto.

Así, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, mi padre empezó a caminar hasta la casa por una senda larga e incómoda. No lo podía dejar solo.

De esa manera yo manejé 5 horas y media detrás de mi padre, viéndolo sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho. Decidí desde ese momento que nunca más iba a mentir. Por eso muchas veces, me acuerdo de este episodio y pienso:

Si mi padre me hubiese castigado de la manera que nosotros castigamos a nuestros hijos, ¿hubiese aprendido yo o la lección? No lo creo. Tal vez habría sufrido el castigo, para seguir haciendo lo mismo.

Pero esta lección de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer. Esto es el poder de la vida sin violencia.