ACTO DE ABANDONO
Ignacio Larrañaga
Dame el amor por excelencia, el amor de la cruz;
no una cruz heroica que pudiera satisfacer
mi amor propio, sino aquellas cruces humildes y vulgares que llevo con repugnancia. Aquellas cruces que encuentro cada día en la contradicción, en el olvido, el fracaso, en los falsos juicios o en la indiferencia, en el rechazo y el menosprecio de los demás, en el malestar y en la enfermedad,
en las limitaciones intelectuales y en la aridez, en el silencio del corazón.
Solamente entonces Tú sabrás que te amo,
aunque yo mismo no lo sepa, pero eso basta.
Amén.

