EL PEINE DEL VIENTO
- ¿Por qué existirá un viento así? -, se preguntó un día Juan, el herrero del pueblo.
Su viejo padre le contestó: - Hijo, tal vez el viento bravío se comporta así por que nadie lo quiere, tal vez tenga algún tormento o simplemente necesite de una caricia.
Pero, padre, ¿cómo se le puede dar una caricia a un viento? exclamó el herrero.
El padre de Juan le contestó: No lo sé, hijo. Pero sí creo que una caricia disminuye el dolor emocional y nos hace sentir importantes para alguien, ya que es simplemente una demostración amorosa.
El hijo entonces fue a su taller y construyó un peine de metal muy pero muy grande. El herrero pensaba que si el viento pasaba por los dientes de aquel peine, sentiría como si alguien rozara suavemente con la mano su largo cabello. Esa tal vez fuera para él un agradable caricia.
Desde entonces el peine de viento continúa en este pueblo y es un peine muy famoso, porque logró que ocurriera un verdadero milagro: El viento bravío ya nunca más se sintió. Para la época en que los aldeanos lo esperan, solo se siente una suave brisa que pone a la gente feliz, muy feliz.

