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EL CIRCO
Cuando yo era un niño, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo fila en la ventanilla de entradas para el circo. Al final, sólo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho. Eran ocho niños, todos probablemente menores de doce años y se veía que no tenían mucho dinero.

La ropa que llevaban no era cara, pero estaban limpios. Los niños eran bien educados, todos estaban muy ordenados en la fila, formados de en dos detrás de los padres y tomados de la mano.

Los niños hablaban con gran entusiasmo de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo y por lo tanto aquel prometía ser un hecho sobresaliente en su vida.

El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. Se veían ambos muy contentos y la madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: "Eres mi caballero de brillante armadura". Él sonreía, henchido de orgullo y mirándola como si le respondiera: "Tienes razón, mi amor".   lea más
EL PEINE DEL VIENTO
Hace mucho tiempo, en un pueblo junto al mar, los habitantes recibían cada año diferentes vientos. Por ejemplo, el viento del norte que es cálido y húmedo, como también el viento del sur que era muy frío; luego venía el viento huraño, que se escondía de la gente, y después el viento juguetón, aficionado a jugar o retozar; también el viento gruñón, que hacía ruidos con frecuencia; el viento desazón, que producía un pequeño dolor de cabeza o el viento perezoso que era lento y pesado.

Pero entre todas las clases de vientos que llegaban al pueblito aquel, los habitantes detestaban al viento bravío. Empezaba con una pequeña brisa y luego se transformaba en una enorme bestia feroz, indómita, salvaje. Era un viento destructor: Arrancaba las hojas de los árboles, esparcía el polvo por todas partes y formaba olas grandes y embravecidas; desamarraba los mástiles de los buques, destechaba las casas, arrasaba con los campos de trigo y de flores, todo lo cual producía en algunas personas sentimientos de enojo e ira. Por suerte, el viento bravío duraba solo unos pocos días.   lea más
LA ISLA DE LOS SENTIMIENTOS
Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el amor.

Un día les fue avisado a sus moradores que la isla se iba a hundir, que quedaría totalmente cubierta por el agua. Por eso, llenos de temor ante tan terrible anuncio, todos los sentimientos se apresuraron a abandonarla. Abordaron sus barcos y se prepararon a partir apresuradamente. Sólo el AMOR permaneció en ella; quería estar un rato más en la isla que tanto amaba, antes de que ésta desapareciera bajo las aguas.

Al fin, con el agua al cuello y casi ahogado, el AMOR comenzó a gritar pidiendo ayuda. Se acercó la RIQUEZA que pasaba en un lujoso yate y el AMOR dijo: "¡RIQUEZA llévame contigo!. La RIQUEZA contestó: "No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti". Le pidió ayuda a la VANIDAD, que también venía pasando: "VANIDAD, por favor ayúdame". La VANIDAD le respondió: "Imposible AMOR, estás mojado y arruinarías mi barco nuevo".   lea más
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