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Cómo viví la Misión en Llera

Gaby Montemayor
Dedicamos gran parte de nuestro tiempo a preparar bien lo que deseábamos llevar a las comunidades que nos encomendaron, y nos dio muchísimo gusto observar que todos tenían el mismo entusiasmo que nosotros. Todos los muchachos nos llenaron de energías cuando nos sentimos cansados y nos impidieron darnos por vencidos. Además toda la comunidad de Jesús Nazareno nos apoyó tanto y nos daba tantos ánimos que no pudimos más que seguir trabajando e intentando dar lo mejor, y gracias a Dios, todo se vio recompensado.

Estuvimos preparando en fraternidades lo que haríamos durante toda la Semana Santa, pues deseábamos que se aprovechara al máximo, porque sabemos que para las personas que no tienen la oportunidad de tener un sacerdote cerca, es muy importante sacar el máximo provecho de cada vez que alguien se acerca a hablarles de Dios. Por esto preparamos temas de catequesis, celebraciones de la palabra, el Vía Crucis, y demás actividades propias de estas fechas, para poder llevar el mensaje del amor de Cristo de la mejor manera.

En las comunidades que visitamos fuimos recibidos calurosamente, pudimos experimentar en ellos la presencia de Dios en su cariño y su preocupación por nosotros, en su interés por escuchar Su Palabra, por que les habláramos más acerca de la Semana Santa y de cómo Jesús había dado su vida por nosotros y nos había concedido la posibilidad de llegar al Cielo junto a Él. Realmente más allá de lo que pudimos ir a enseñar, aprendimos mucho de su fe, de su amor y de su entrega; además aprendimos unos de otros, pues compartimos tanto conocimientos como experiencias que nos unieron y nos hicieron más amigos, más hermanos, porque estoy convencida también que las amistades en Cristo duran para siempre.

Esta misión también tuvo sus contratiempos: enfermedades, cansancio, quizá algún mal entendido como es común en cualquier grupo de personas, pero de todo esto salimos adelante, y estoy segura que fue gracias a Dios que todo esto salió muy bien, porque desde un principio lo pusimos en sus manos y fue Él quien realizó el trabajo a través de nosotros.

Espero que para todos los que vivimos esta experiencia hayan quedado muy buenos recuerdos y ganas de regresar. Muchas gracias a todos los que nos ayudaron tanto económicamente como con sus oraciones, porque sin ellas no se habría logrado nada de esto, ustedes llevaron la palabra de Dios y dieron su amor a todas las personas con las que nosotros tuvimos la dicha de convivir una semana.

Que Dios los bendiga, pues todo este trabajo no ha sido para nosotros, ni para nadie más solamente para Él, y estoy segura que todo el trabajo que se ha puesto aquí, será recompensado en gracias para todas nuestras familias.

¡Muchas gracias!

Gabriela Montemayor.

Joven Nazareno, Misión Semana Santa 2006.