Celebramos el 26 de agosto de 2010, el centenario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta. Todo el mundo recuerda cómo aquella menuda misionera albanesa cuya dedicación a los pobres, por amor a Dios, la convirtió en símbolo de caridad y amor hacia los más desposeídos y abandonados.
Su noble misión le fue revelada en la India el 10 de septiembre de 1946 mientras se dirigía en tren de Calcuta hacia Darjeeling en su retiro anual cuando oyó un mandato interior de renunciar al convento de Loreto, donde enseñaba y del cual fue directora, para ir a servir a los pobres en las calles. Este acontecimiento se recuerda como el "ía de la inspiración".
Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le transmitió el deseo de su corazón de encontrar "V"íctimas de amor" que "irradiasen a las almas su amor". "Ven y sé mi luz - Jesús le suplicó- "no puedo ir solo". Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos.
Durante casi dos años la madre esperó el permiso de la Iglesia para vivir fuera del convento y dedicarse a los más desposeídos, sin perder su condición de monja. Además del inglés, dominaba el bengalí y el hindi, y había hecho cursos intensivos de enfermería para cumplir con su misión caritativa.
El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari -vestido tradicional de la India- blanco, orlado de azul y atravesó las puertas de su convento para entrar en el mundo de los pobres de Calcuta.
En aquel tiempo, las calles de esa ciudad estaban llenas de niños abandonados, mendigos, enfermos y moribundos. Este espectáculo desolador se clavaba en lo hondo del corazón de la Madre Teresa.
Cada día la misionera lo comenzaba entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía, y salía de casa con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en "los no deseados, los no amados, aquellos en los que nadie se ocupaba".
El 7 de octubre de 1950, debido a que sus antiguas alumnas se unieron a su causa, fue establecida oficialmente en la Arquidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. En 1952 puso en funcionamiento la casa de los moribundos en Kalighat. Poco a poco su orden religiosa al servicio de los más necesitados se extendió por todo el mundo.
De hecho, para entrar en su congregación a los tres votos tradicionales de castidad, pobreza y obediencia, se suma el de entregarse de por vida y exclusivamente a los pobres de entre los pobres, sin recompensa material alguna.
Una vez un crítico le sugirió que haría más para terminar con la pobreza si enseñara a pescar en vez de dar el pescado. Ella respondió: "Las personas que yo ayudo no se valen por sí mismas, no se pueden parar. No pueden sostener la caña. Yo les daré el alimento y después se los enviaré a usted para que les enseñe a pescar".
VALORARON SU MISIÓN
Su labor fue reconocida por numerosas personalidades e instituciones civiles de todo el mundo, comenzando por el Premio Indio Padmashri, otorgado en 1962. A este le siguieron un sinnúmero de galardones, como el Premio Templeton, del príncipe de Edimburgo (Reino Unido), en reconocimiento al progreso de los valores religiosos; la primera edición del Premio de la Paz Juan XXIII, en 1971, y el de mayor importancia, el Premio Nobel de la Paz, en 1979.
La revista Time la incluyó en la lista de los cien personajes más importantes del siglo XX.
Su capacidad de trabajo era inmensa, alimentada por su amor a Jesús. Oraba largamente, dormía unas pocas horas y hacía solo dos comidas al día. Este estilo de vida lo conservó durante muchos años, hasta que su vejez y la debilidad física la obligaron a descansar más.
A pesar de su delicado estado de salud - en 1990 le implantaron un marcapasos por una afección del corazón - la Madre Teresa siguió al frente de la congregación hasta el 5 de septiembre de 1997, cuando falleció de un paro cardiaco.
El Papa Juan Pablo II la beatificó el 19 de octubre del 2003 y estableció que su día en el santoral se celebrara el 5 de septiembre.
La actual superiora general de las Misioneras de la Caridad, Mary Prema, considera que el "mejor regalo que se le puede entregar a la Madre Teresa para su cumpleaños es la sincera voluntad de transmitir el amor y la paz de Dios a los pobres".
Por Brenda Martínez, Prensa Libre