ANALFABETISMO RELIGIOSO
HECHOS
Hay muchas personas que se bautizan, se consideran católicas y ocasionalmente participan en alguna celebración, pero no conocen de su religión más que algo del catecismo infantil, o algo que se les queda de tanto oírlo. Ignoran los fundamentos bíblicos y la justificación de nuestra fe. Por ello, son presa fácil para cambiar de creencia. Si no cambian de religión, es sólo por fidelidad a su familia y a su tradición, pero sus cimientos son muy endebles. Ante cualquier burla o contradicción, ante un mal trato o un mal comportamiento de un sacerdote, se alejan de la Iglesia y dejan de practicar, se refugian en cultos esotéricos, en magia y espiritismo, y hasta en la llamada ?santa muerte?.
Nos duele que las tres diócesis de Chiapas sigan ocupando el último lugar del país en número de católicos. No nos consuela que Tabasco, Campeche y Quintana Roo tengan índices también muy bajos. Hay muchas razones históricas de este fenómeno común a casi todo el sureste mexicano, no sólo a una diócesis. La práctica pastoral de nuestras diócesis ha sido diversa, y no se puede culpar a una persona. El resto del país abandonó a esta región, pues estaba muy marginada. En el fondo, ha sido muy escasa la instrucción religiosa y la evangelización muy poco kerigmática. Es un cuestionamiento que nos acicatea a quienes ahora somos responsables de la situación. Nos exige nuevo empeño, nuevos métodos, y sobre todo una conversión pastoral.
HECHOS
Hay muchas personas que se bautizan, se consideran católicas y ocasionalmente participan en alguna celebración, pero no conocen de su religión más que algo del catecismo infantil, o algo que se les queda de tanto oírlo. Ignoran los fundamentos bíblicos y la justificación de nuestra fe. Por ello, son presa fácil para cambiar de creencia. Si no cambian de religión, es sólo por fidelidad a su familia y a su tradición, pero sus cimientos son muy endebles. Ante cualquier burla o contradicción, ante un mal trato o un mal comportamiento de un sacerdote, se alejan de la Iglesia y dejan de practicar, se refugian en cultos esotéricos, en magia y espiritismo, y hasta en la llamada ?santa muerte?.
Nos duele que las tres diócesis de Chiapas sigan ocupando el último lugar del país en número de católicos. No nos consuela que Tabasco, Campeche y Quintana Roo tengan índices también muy bajos. Hay muchas razones históricas de este fenómeno común a casi todo el sureste mexicano, no sólo a una diócesis. La práctica pastoral de nuestras diócesis ha sido diversa, y no se puede culpar a una persona. El resto del país abandonó a esta región, pues estaba muy marginada. En el fondo, ha sido muy escasa la instrucción religiosa y la evangelización muy poco kerigmática. Es un cuestionamiento que nos acicatea a quienes ahora somos responsables de la situación. Nos exige nuevo empeño, nuevos métodos, y sobre todo una conversión pastoral.
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