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Hijos |
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EL CIADERNO AZUL
El cartero extendió el telegrama. José Roberto le dio las gracias y, al abrir el sobre, apareció en su rostro una expresión de sorpresa más que de dolor. El telegrama le anunció, con palabras breves y precisas:
- Tu padre falleció. Entierro 18 horas. Mamá.
José Roberto continuó ahí, inmóvil y mirando al vacío. Ninguna lágrima brotó, ningún dolor sintió. Nada. Era como si hubiera muerto un extraño.
¿Por qué no sentía nada por la muerte del viejo? Como un torbellino de pensamientos confusos, avisó a la esposa, tomó el autobús y se fue, venciendo los silenciosos kilómetros de la ruta mientras la cabeza giraba a mil. En realidad no quería ir al funeral y, si estaba en camino era solo para que su madre no estuviera más triste. Ella sabía que el padre y el hijo no se llevaban bien.
La cuestión había llegado al final el día que, después de una lluvia de acusaciones, José Roberto había hecho las valijas y partió prometiendo nunca más poner los pies en aquella casa.
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ORACIÓN POR MI FAMILIA
Jesús, te quiero pedir hoy por toda mi familia: Mi papá, mi mamá, mis hermanos y yo, para que a todos nos cuides y nos mantengas muy unidos. Que papá y mamá siempre nos quieran mucho, como nosotros los queremos a ellos.
Danos buena salud y protégenos cuando vamos al trabajo o a la escuela; cuando hacemos las tareas de la casa, que no tengamos accidentes graves. Si enfermamos, ayúdanos a superar la enfermedad y enséñanos a cuidarnos unos a otros.
Ya sé que a veces vamos a tener problemas, pero te pido que nos ayudes a encontrar siempre las formas de resolverlos y a verlos como pruebas que nos sirven para aprender a vivir.
Ayuda a mi papá para que nunca le falte trabajo y que pueda hacerlo bien, por una paga justa y suficiente para los gastos de nuestra familia. Que cuando falte el dinero ni mi mamá ni mi papá se desesperen, para que juntos podamos encontrar la forma de salir adelante, siempre apoyándonos unos a otros, cada quien según sus posibilidades.
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EL RESPETO A LOS PADRES
Quizás no haya, en la Sagrada Escritura, un deber tan minuciosamente detallado como el del respeto de los hijos para sus padres. Solamente en el Eclesiástico existen 12 sentencias del deber de respetarlos y honrarlos. He aquí cuatro de ellas: "No se salvan los hijos que no respetan a sus padres". "Quien honra a su padre, vivirá largos años". "Bendito es de Dios quien tributa a sus padres el honor debido". "Es de Dios maldito e infame el que a sus padres desprecia".
En el antiguo testamento, se refiere la historia de Tobías. Este joven emprende un viaje por encargo de sus padres, acompañado de un forastero que en realidad era un ángel. La madre de Tobías, que lo extrañaba muchísimo, dijo este elogio de él: "¡Ay de mí, hijo mío! ¿Para qué te hemos enviado a lejanas tierras, si eres lumbrera de nuestros ojos, báculo de nuestra vejez y consuelo de nuestra vida?" Magnífico sería que nuestros padres tuvieran ese concepto de nosotros.
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