ATENCION A LOS DETALLES
Hay en este breve relato una gran lección. Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida está compuesto por pequeños detalles.
Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día: Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.
Todas nuestras relaciones de familia, matrimonio, noviazgo o amistad - se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico para demostrarle tu aprecio, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.
Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión, dejan pasar muchas otras oportunidades modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que por lo menos le devolvieras la llamada.
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Sin embargo, esto es absolutamente falso: Realmente la felicidad se finca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.
Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. Tal enfoque es erróneo: No desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pequeñeces pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes. Pueden significar muchísimo más de lo que ni siquiera imaginas.
En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación humana. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió.
¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones.
Lo que hemos aprendido en los párrafos anteriores aplica para todas nuestras relaciones, pero es particularmente importante aplicar estos criterios con las personas que tenemos más cerca de nosotros y de nuestro corazón: el esposo o la esposa, y los hijos. A veces nos sumergimos tanto en las rutinas cotidianas, que nos olvidamos de mantener y fortalecer nuestra relación con la familia en el hogar. Un abrazo, una palabra amable, una pequeña ayuda en los trabajos de la casa, la comida juntos, la sobremesa frecuente, el qué bueno que llegaste, cómo te fue, que Dios te ayude y te cuide, etc., son los aparentemente pequeños detalles que constituyen la verdadera armonía familiar y la real dicha de quienes aplicamos esta sencilla lección.

