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EL VERDADERO AMOR

Juan González
El profesor les escuchó con atención y después les relató su testimonio personal:

- Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno cuando sufrió un infarto y cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, condujo hasta el hospital mientras su corazón se despedazaba en profunda agonía. Cuando llegó, por desgracia, ella ya había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él y recordamos hermosas anécdotas. Luego nos dijo a sus hijos: "Fueron 55 buenos años...¿saben?. Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos en todo: Alegrías y penas. Cuando nacieron ustedes, cuando perdí mi trabajo, cuando ustedes enfermaban", continuó. "Siempre estuvimos juntos. Compartimos la alegría de verlos, hijos, terminar sus carreras; lloramos uno al lado del otro la partida de nuestros seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de muchos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos y perdonamos nuestras faltas...

- Hijos, ahora se ha ido y estoy contento. ¿Saben por qué?, pues porque se fue antes que yo. No tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera..."

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló: - "Todo está bien hijos; ha sido un buen día".

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo y no tiene nada que ver con el erotismo. Más bien es una comunión de corazones, una alianza que va mucho mas allá de los sentidos y en la cual se es capaz de sufrir y negarse cualquier cosa por el otro

Cuando el profesor terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron rebatirle nada. Ese tipo de amor les superaba en grande. Pero, aunque no tuviesen la valentía de aceptarlo de inmediato, podían presentir que habían escuchado hablar sobre lo que sí era el amor verdadero. Ese día recibieron la lección más importante de sus vidas.