Cuando era niño, ocasionalmente mi madre como cena nos daba café con leche y muchos otros agregados. Recuerdo especialmente una noche, cuando ella nos sirvió café con leche, después de un día de trabajo muy duro.
En esa ocasión, mi madre le puso un plato con huevos revueltos, fiambre y tostadas muy quemadas frente a mi padre. Cuando observé aquello, recuerdo haber esperado un poco, para ver si papá notaba ese hecho.
Todo lo que mi padre hizo, fue tomar su tostada, sonreír a mi madre y preguntarme como había sido mi día en la escuela. No recuerdo lo que le respondí, pero sí recuerdo haberlo mirado, mientras untaba la tostada con mantequilla y jalea. Vi cómo iba comiendo cada bocado.
Cuando me levanté de la mesa, aquella noche, escuché a mamá disculpándose por haber quemado las tostadas. Nunca me olvidé de la respuesta que papá dio: "Me encantó la tostada quemada".
lea más