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CÓMO VISITAR A LOS ENFERMOS

5. Al enfermo se le ha de dar ocasión de hablar de su enfermedad, de sus dolores, de sus preocupaciones y temores. Hay que mostrar interés, con sinceridad y delicadeza. Hay que saber aceptar lo que afirma sin discutírselo, pero a la vez sin reafirmarle aquello que nos parece que es exageración.

6. El enfermo ha de poder explicar y decir todo lo que le plazca. No podemos obligarle ni presionarle para que diga más de lo que él quiera.

7. No se puede imponer al enfermo el tema de la conversación. Se le ha de dar libertad de elección. No podemos cansarlo con nuestra conversación. No debemos hablarle de temas religiosos a la fuerza.

8. No podemos compadecemos de él en su presencia. Ni tampoco mostrar lástima de su situación ante él. No somos "plañideras".

9. Hemos de velar para que, en lo posible, el enfermo siga viviendo los problemas de la sociedad entera, y en especial de su ambiente de trabajo y amistades. En caso contrario sufriría al verse fuera de juego de esta sociedad o de su comunidad. Todavía sufriría más de ser nosotros quienes "le expulsáramos" al no decirle o explicarle las cosas que pasan con la excusa de "no preocuparlo".

10. Incluso cuando el enfermo no tiene interés, hemos de procurar interesarlo por los problemas de la vida "normal". Es malo para él encerrarse en sí mismo y en los problemas domésticos.

11. No le debemos mentir en lo referente a su situación y estado. No se trata de decirle "toda" la verdad, pero sí de que odo lo que le digamos sea verdad". Hemos de decirle la verdad que él sea capaz de aceptar y asimilar. Tendremos que animarle y darle esperanza, pero nunca engañarle.

12. Al visitar a un enfermo hemos de saber escuchar con atención y hablar con calma y sin nervios. Muchas veces, como no "dominamos" la situación, nos ponemos nerviosos y tendemos a hablar mucho y gritando.

13. La cama es propiedad del enfermo y de su uso exclusivo. Debemos respetarlo.

14. El enfermo tiene necesidades fisiológicas de todo tipo que se le pueden hacer urgentes durante nuestra visita. Hemos de estar al tanto y tenerlo presente.

15. La visita al enfermo no es para que nosotros hablemos y le obliguemos a escucharnos. La visita es fundamentalmente para que el enfermo tenga ocasión de hablar y pueda encontrar oyentes acogedores.

16. Lo que se ve, lo que se oye y lo que se dice en la habitación de un enfermo es secreto. No podemos luego hacer comentarios.

17. Hay que hacer la visita con espíritu de colaboración y no para sustituir la iniciativa del enfermo. Hemos de ir con espíritu de disponibilidad, no con afán de dominio ni de imposición.

18. No podemos hacer la visita tan sólo "por amor a Dios". Más bien ha de ser por amor al prójimo, "con el amor de Dios".

19. Cuando se trata de un enfermo creyente, se ha de intentar ayudarle a progresar y a madurar en la fe y en su situación de enfermo. Si estamos ante un no creyente, debemos ofrecerle que comparta nuestra fe. Si no quiere hacerlo, le seguiremos visitando con la misma disponibilidad.