Dios mío, bendice mi casa, para que sea el hogar del amor y de la paz. Bendice, sus puertas abiertas como dos brazos extendidos que dan la bienvenida a quienes la visitan.
Bendice, Padre bueno, las ventanas que dejan entrar el sol a raudales cada mañana, y por donde se asoman, cada noche, las estrellas del firmamento, resplandecientes luces de esperanza para la humanidad.
Bendice, Señor, los muros que nos defienden del viento, del frío, del calor, y que son nuestros amigos infalibles a lo largo de las horas que pasamos en nuestra casa.
Bendice, Dios bondadoso, nuestra mesa familiar, y todos los sitios de nuestro trabajo diario, para que nos ayudes a prosperar, y bendice también nuestro lugar de descanso, para que nos guardes del peligro.
Bendice igualmente el techo que cobija nuestros afanes y los sueños de cada día, y que guarda para siempre entre los vivos la memoria sagrada de los que se han ido al cielo.
Bendice, Padre, los sentimientos, las ternuras, el amor y los anhelos que florecen en nuestras vidas cotidianas.
Bendice nuestros pensamientos, para que siempre sean puros, y nuestras palabras para que sean rectas, de manera tal que nuestros actos en la tierra nos conduzcan a TÍ.
Bendice nuestras horas de paz y de silencio, para que fortalezcamos juntos nuestro espíritu, y este nos lleve puros hacia la patria definitiva.
Bendice, nuestros dolores más profundos, y nuestras alegrías porque son el corazón de la familia.
¡SEÑOR!, QUÉDATE SIEMPRE CON NOSOTROS... EN TU MORADA... EN NUESTRA CASA!