EN BÚSQUEDA DE LA SIMPLICIDAD
Cuando volvieron a la casa, el padre pidió a Ketu: - Trae la sal que coloqué en la vasija. Ketu buscó la sal pero no la encontró, pues ya se había disuelto en el agua.
- Entonces, ¿ya no ves la sal?, preguntó el padre.
- No. La sal está invisible.
- Prueba, entonces, un poco de agua de la superficie de la vasija. ¿Cómo está?
- Salada.
- Prueba un poco del agua del medio. ¿Cómo está?
- Tan salada como la de la superficie.
- Ahora prueba el agua del fondo de la vasija y dime que gusto tiene.
Ketu la probó y el gusto era el mismo que antes.
- Has estudiado tantos años y no consigues explicar con simplicidad como Dios es invisible y está en todas partes dijo el padre. Usando una vasija de agua y llamando ala Dios, yo podría hacer entender eso a cualquier campesino. Por favor, hijo mío, olvida la sabiduría que nos aleja de los hombres, y vuelve a procurar la inspiración que nos aproxima.

