Pastorales Básicas > Catequética >MUERTE Y RESURRECCIÓN DE UNA PARROQUIA

MUERTE Y RESURRECCIÓN DE UNA PARROQUIA

Juan González López
Aquella terrible noticia dada por el párroco, corrió de boca en boca, y fue así como toda la gente se enteró de la anunciada Misa por el descanso eterno de aquella comunidad parroquial. La morbosa curiosidad hizo que la convocatoria del párroco fuera sumamente efectiva, como ninguna otra, de modo que al llegar el domingo del funeral y como nadie quería perdérselo, los antiguos feligreses acudieron literalmente en masa y abarrotaron el templo, presas de una gran expectación.

El párroco había hecho grandes preparativos para tan singular ocasión. Entre otros, delante del altar se podía contemplar un enorme ataúd que el párroco mandó poner ahí para darle un verdadero efecto dramático a la inusitada ceremonia.

Explicó que, simbólicamente, en ese ataúd estaba la parroquia muerta, en espera de recibir cristiana sepultura.

Una vez que hubo llegado el momento, el párroco, con un increíble dominio de los datos históricos, narró el pasado glorioso de aquella parroquia y, con lamentos estremecedores, dijo que su tiempo se había cumplido, de manera que en esa tónica llevó toda su predicación.

Al final de la Misa, invitó a todos a rendir su último homenaje a la parroquia muerta. Acercándose al ataúd, uno a uno, iban inclinándose ante el vacío féretro. En el fondo había sido colocado un gran espejo y en él se reflejaban las caras muertas de la parroquia muerta. Todos se vieron retratados y sentenciados a muerte.

Aquel domingo, los fieles de aquel pueblo vivieron y compartieron una gran experiencia personal y comunitaria. Aquel domingo, el del funeral de su parroquia, fue domingo también, y por la gracia de Dios, domingo de resurrección. Todos los fieles de aquella comunidad decidieron estar vivos y dar nueva vida a su Parroquia.