DÍA DEL ANCIANO 2007
Juan González López
Al predicarnos, el padre Abramo habló ante todo sobre la dignidad del anciano. Es algo que está en las Sagradas Escrituras: Dice en Levítico 19, 32, por ejemplo, "ponte de pie ante las canas y honra el rostro del anciano". Enseguida el padre Abramo bromeó con el hecho de que, aunque ahora existen algunos tintes "mágicos" que ocultan los cabellos blancos, las canas, la condición del anciano no cambia en su esencia; pero además es un regalo divino y un orgullo llegar a esta etapa de la vida.
Otra referencia bíblica que compartió con sus "colegas" o con los muchachones, como los llama sor Irene, de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, fue que en el libro del profeta Daniel se habla de Dios como el anciano de días un título grande, un título significativo que, en aquel contexto, refleja el lugar muy especial que se daba a los ancianitos en el tiempo de los grandes patriarcas.
Al hablarnos el padre Abramo acerca de las distintas etapas de la vida, discernimos, de su mensaje, que se debe mirar hacia Dios durante toda la existencia, porque Él es el punto de llegada hacia el cual hay que dirigirse siempre.
También captamos, de su enseñanza, que el mundo de hoy a menudo olvida la verdad sobre el significado y el valor de la vida humana y con ella, el pleno sentido de la vejez. De ahí que modificar la actual imagen negativa de esta etapa vital, sea una tarea cultural y educativa que debe comprometer a todas las generaciones, en especial a los jóvenes.
El padre Abramo invitó a los ancianitos a ser conscientes de sus propios recursos y a nunca sentirse inútiles, sino más bien a sentirse siempre amados por Dios, llenos de los dones y bendiciones que el Padre derrama sin cesar sobre sus hijos.
Ese día también, con el apoyo de la gente de nuestras pequeñas comunidades, se ofreció a los ancianitos presentes una comida, acompañada de postre y refrescos, mientras el tecladista Jaime Duarte amenizó la fiesta con bonitas melodías del recuerdo. La presencia del músico fue una generosa aportación de la señora Tere Chavana, quien por algunos problemas de salud no estuvo con sus ancianitos en esta ocasión, pero promete regresar pronto, si el Señor lo permite.
Sor Irene y algunas personas voluntarias fueron las encargadas de trasladar a los ancianitos de sus casas al templo y del templo a sus casas. Por su parte, sor Roselia participó atendiéndolos según lo que iban necesitando. Son las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, que tienen trato cercano y constante, no sólo con los ancianitos, sino además con los enfermos y los pobres de nuestra comunidad. Por cierto, tomamos nota de que este día estuvo visitando a nuestra Parroquia sor Araceli, hermana de la congregación, quien eventualmente nos apoya con la exposición de temas para el autocuidado de la salud.
Estamos conscientes de que fue ésta una celebración sencilla, pero eso sí muy afectuosa. Así es como corresponde a ésta que es la edad de la sencillez, de la sabiduría, de la autenticidad.
Las sociedades humanas serán mejores si se esmeran por empezar a aprovechar los carismas de la vejez. Esa es una sentencia que nos parece muy apropiada para cerrar esta nota.

















