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¿Porqué amar a los ancianitos?

Juan González
La hermana religiosa trataba de hacernos conscientes, a quienes la estábamos escuchando, acerca de las actitudes tan ingratas que muchas veces tenemos hacia nuestros viejecitos, pues no reconocemos que en ellos Dios nos enseña el valor de amar y permite ablandar, a golpe de amor, nuestros duros corazones.

Se puede ver también en estos procesos de la vida, la infinita sabiduría divina: Dios nos da, en los ancianitos, la oportunidad de entregar un poco del amor y corresponder a los cuidados que nosotros ya recibimos, dando fundamento a la esperanza de que si llegamos a viejos haya alguien que vea por nosotros.

El que esto escribe, recuerda a su abuelo paterno con una muy especial gratitud por las largas horas de amistad y cariño vividas, por las sabias enseñanzas recibidas, por la solicitud en el cuidado al que, siendo pequeño, tanta atención requería. Gracias a Dios, cuando el abuelo dejó este mundo, el nieto estuvo con él hasta el último instante y de esa relación de cariño tan denso, quedó la alegría de saber con certeza que amor con amor se paga.

Por eso, muestra la mayor paciencia ante tus padres ya viejos y llenos de naturales achaques, pues con la vara que hoy midas, algún día serás medido.

Agradece a Dios que te conserve a tus viejecitos, que en ellos te brinde la oportunidad de dar amor y que de ese modo puedas agradar a tu Creador. Sé justamente agradecido con aquellos que siendo tú pequeño, con tanto celo y cariño te cuidaron. No te impacientes si a veces tus viejecitos tienen dificultad para oír lo que les dices. Eso es porque sus sentidos se han venido deteriorando con el paso del tiempo, como sucederá contigo si alcanzas la vejez.

Procura no reparar en sus movimientos cada vez más torpes, para que no se sientan apenados. Es muy doloroso que aquellos que amamos nos hagan sentir avergonzados.

Recuerda siempre: Todos los defectos que hoy ves en tus viejecitos, tú los tuviste, y a pesar de eso fue mucho lo que te amaron y te siguen amando, aun cuando tú no les muestres cariño. No te burles porque, según tú, están pasados de moda; algún día tú también pasarás por situación semejante.

Si se pierden en la conversación y te repiten alguna historia, eso no es tan malo como hacerles sentir que su plática es aburrida.

Asegúrate de que reciben una adecuada y suficiente alimentación, como ellos lo hicieron contigo cuando tú eras pequeño.

Procura brindarles tu compañía, todo el tiempo que te sea posible; no escatimes en esto, porque la soledad nos hace vulnerables a todos.

Aunque estés completamente al tanto de sus necesidades, cuídate de no hacerlos sentir incapaces o inútiles.

Ríe con tus viejecitos, platica con ellos, juega con ellos

Algún día Dios te dará una especial recompensa por tus afanes.